Crónica de un paro universitario



            Desde la vereda no se escuchaba la clase pública que sobre la calle Ramos Mejía sostenían unas 30 personas.
            El primer día de paro organizado por la gremial de los docentes universitarios y la CONADU Histórica fue una muestra de la realidad de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
El ruinoso edificio de Ramos mantuvo su rutina de todos los días, los no docentes y los locales concesionados fueron indiferentes al reclamo, qué continúa mañana con una marcha al rectorado y al ministerio de educación, y una posterior asamblea.
            Muchos alumnos cursaron si saber de la medida de fuerza y que la misma se repetirá en diferentes días de las dos próximas semanas.
            Los carteles de las agrupaciones estudiantiles se amontonaban en techos y paredes con los reclamos acostumbrados, en contra del tren bala, a favor de Cambiar a Roca por Juana Azurduy en el billete de 100 pesos, o a favor del gobierno boliviano, pero sólo uno pequeño mostraba las bases del reclamo docente.
El profesor Carlos Mangone, Titular de las cátedras de Comunicación I y II, dio una clase pública acerca de la situación actual de la problemática universitaria y resumió los puntos más importantes del conflicto.
El aumento del 30%, el salario mínimo de 2.100 pesos, el 82% móvil en las jubilaciones, un aumento extraordinario en el presupuesto universitario de este año y la triplicación del mismo en el presupuesto nacional 2009 son los puntos más delicados de una negociación que por ahora, parece ajena a la comunidad estudiantil.

Autobiografía en 1500 caracteres



Nací el día de los gases en la plaza cuando la cosa se le ponía fea a los milicos y tres días antes de Malvinas. Crecí en un barrio que se formó alrededor de una estación del ex-provincial, que tuvo su apogeo con la fábrica SIAM, y que en el 73 fue testigo de la masacre del Viejobueno.
Soy parte de la generación educada en un modelo neoliberal, que todavía hoy vive en sus consecuencias. Vivo en un barrio que desaparece, como el tren, la SIAM y el cuartel. Las políticas injustas y criminales empujan las villas, las extienden, y reemplazan las calles por pasillos y las veredas por basurales tan rápido y sutilmente como cambiaron a la inocencia por la desesperanza y a la participación por miedo.
Me le paro a ese avance sin pausa con mis amigos, porque sólo ni se puede ni tiene sentido. Nos brindamos enteros para pelearle nuestra dignidad palmo a palmo a este modelo perverso que insiste en que contra la pobreza no se puede.
Porque creemos que en cada gesto y acción en que le mostremos a los pibes de la esquina que siempre hay opciones o una oreja o una mano, hacemos del mundo un lugar un poquito mejor, porque así, granito a granito, es como se da vuelta el universo.
Y es por eso que estoy en esta carrera, para aprender a contarles esto a todos, para convencer a quien quiera escucharme, de que nuestro destino es lo que nosotros hagamos con él, que “trabajo”, “familia”, “dignidad” y otra palabras no son cascarones huecos, y sobre todo, que la felicidad real sólo es posible entre todos.

Somos todos Sántiago Fernández



Este Jueves por la noche (en Argentina), se encenderá nuevamente la Antorcha Olímpica.  Detrás de los flashes, del marketing, del negocio y la politiquería, una legión de tipos comunes, que ni viven en la mansión de Kobe Bryant, ni salen en tapas de revistas como Ronaldinho, o no cotizan en bolsa como Federer, tendrá la chance de demostrar que el deporte es una actitud que va más allá de reglamentos y estadísticas.
Entre ellos está el remero argentino Santiago Fernández. Un argentino como tantos otros, que con sus 31 años trabaja, estudia y esta tratando de ahorrar para poder casarse con su novia. Vive en Tigre y como tantos otros jóvenes de esa zona se le dio por divertirse remando, ámbito que hace tiempo por condiciones naturales y el trabajo de los clubes logró una medalla de oro para la argentina en 1952.
Este pibe rema porque se crió cerca del tigre, y porque hubo amigos, tradiciones, costumbres y una organización, que aunque a los ponchazos lo acompañó en su decisión. No sólo eso, sino que este es además un país de “remadores”.
Él entrena cuando puede y como puede. La pista del tigre, por su nivel de contaminación y las corrientes estaría prohibida en cualquier otro lugar del mundo. Él mismo se busca el equipo necesario y ni hablemos de las dietas balanceadas que les proveen a otros remeros en sus países.
Santiago se hizo conocido por haber salido 4º y quedar a menos de medio segundo de la medalla de bronce en Atenas 2004. En esos juegos, los europeos estrenaron botes de aleaciones de última generación, y el remó un armatoste alemán 10 años más viejo y 3 kilos más pesado, que era lo único que pudo conseguir (si le pasaba algo al bote en el camino, no había un repuesto).
En aquél momento su historia se hizo medianamente mediática, y fue olvidado tan pronto como ganamos las medallas de oro de básquet y fútbol.
Un par de años después, el mundial de remo era en las frías aguas de Linz, Austria. Con el cuarto puesto en Atenas Santiago logró que el estado aumente su beca y así pudo viajar a participar. Pero la federación de remo se olvidó de él y no reservó hotel en Linz. Él llegó pasada la medianoche, y tuvo que pasar las horas previas a la competencia durmiendo en un auto abandonado.
En el preolímpico de Río de Janeiro, los brasileños le habían prometido a el y a sus compañeros un juego de botes para que puedan competir en igualdad de condiciones. Cuando llegaron al entrenamiento descubrieron esos botes se los habían dado a los estadounidenses para que ensayen, porque estos no querían usar sus botes de competencia para entrenar.
De urgencia llegaron medios machucados por el viaje los mismos botes con los que practicaban en Tigre. Descubrieron que el 4 sin timonel por ser un modelo viejo no daba el peso mínimo para ser habilitado. Había en el taller un pedazo de caño de plomo para chatarra que pesaba poco más de un kilo y medio, y terminó en el fondo de bote de lastre. Ese cacho de metal, los acompañó al podio ese día, y probablemente ya este en las habitaciones de nuestros remeros en Beijing.
Lejos de las figuras millonarias, cuando den la señal de largada en algún rincón de la China, Santiago Fernández no competirá contra esos rivales que tienen 100 veces más presupuesto, o más tecnología o que son profesionales del remo y que además son cuidados por un ejercito de especialistas y una organización eficiente.
El “Pollo” Fernández va a remar contra lo que siempre remó, sus propias posibilidades. Lo que cada uno de nosotros hace todos los días cuando sale de la cama. Y si pusiéramos la voluntad que él pone frente a la adversidad quizás nos “ganemos” un país mejor. El único secreto para ganar esa carrera es no darla por perdida.
Julio Ricardo Mosle

Bienvenidos


Otra vez insistiendo con este blog... pasa que hace tiempor vengo haciendo distintas cosas con la web 2.0 y necesito un espacio donde poder experimentar libremente, tener la posibilidad de llevar un blog a los limites de las posibilidades y ver como darlo vuelta. Espero que además sea útil para ustedes.

Julio

Noche de Paz, Noche de Amor...


Gente:


 
Ya estoy un poquitito (mucho) hinchado las pelotas del famoso “espíritu navideño”, los lobbystas de la buena onda, marketineros de Chanta Clos, fabricantes de merchandising nevado, y el resto de los complices del circo de la hipocresía, empezando por nosotros mismos.
No estoy hablando de una cuestión religiosa del estilo de “recordemos que es la fiesta del cumplimiento de la promesa de Dios de enviarnos un salvador”, simplemente porque hace ya mucho tiempo que este festejo trascendió las barreras religiosas.
Lo que de verdad me jode es que desde octubre que cada vez que sintonizo la radio, abro el diario o prendo la tele, me encuentro con el gordito regalón queriendo venderme desde un secador de cabello hasta un lote en un country. O un conocido Shopping de zona norte diciendo que ese es el mejor lugar para pasar la navidad (y no estoy inventando un ejemplo bizarro). O la gaseosa que disfrazo gente que caja bajo el lema de “en estas fiestas el mejor regalo sos vos”, entonces… ¿lo mejor de la fiesta es el regalo?.
En todos lados (no solo los medios) se llenan la boca hablando de que las fiestas son el momento oportuno para encontrarse con la familia, “sacar lo mejor de uno”, y hasta es “temporada alta de campañas solidarias”, ¿o acaso no vemos siempre para estas fechas como un noticiero muestra a 4 viejas enjoyadas acercándose a tres huerfanitos con los mocos colgando?. Y acto seguido el presentador que recuerda que no será noche buena en culodelmundolandia porque hay guerra civil o en algun rinconcito de África por que hay hambre y sida, pero de la villa a diez cuadras del canal se olvida.
Y mientras nos llenamos la boca y la casilla de correo de nuestros amigos de loables deseos de paz para la humanidad y que se acabe el hambre en el mundo, salimos corriendo porque son las dos horas de descuento en el Shopping, y no nos queremos quedar sin el reproductor de mp3.
Los moralistas se cansan de gritarle al mundo que esta fiesta se “comercializó” y como es políticamente correcto, el mundo le da la razón a ellos, mientras le sigue dando la espalda a los excluidos de siempre.
Si todos los que nos decimos buena gente hiciéramos una sola cosa chiquita por una sola persona esta noche, pero por una de esas personas que no tiene verdaderos motivos para festejar, esta noche debería suceder un milagro. Porque si somos tantos como creemos y tenemos el compromiso que decimos tener, no deberíamos ver un linyera en una plaza abrazado a una botella, un enfermo solo en un hospital, una tía peleada con toda la familia o un chico mendigando un poco de pan dulce.
Hagámonos un regalo de verdad a nosotros mismos, compartamos un ratito de esta noche con alguien que nos necesite, después de todo ¿cual es la gracia de estar con quienes estamos todo el año?, es como esperar hasta el aniversario para decir “te quiero” ¿o no?.
Para cambiar el mundo no hacen falta gestas heroicas o epopeyas sobrehumanas, con cada decisión cotidiana cambiamos el mundo (para mejor o para peor), por eso, démosle el valor que le corresponde a estos pequeños gestos, ¿o FE y ESPERANZA son solo palabras de un diccionario de teología?
Por lo menos solo por esta noche, quizás nos sorprendería el resultado de hacer la prueba…
 
Les deseo a todos una muy Feliz Navidad y que esta nueva afirmación del amor por nosotros nos enseñe a amarnos entre nosotros mismos como el nos ama, porque sino, ¿para que festejamos la navidad?
 
Julio

Sobre Corsos a Contramano...


El 9 de Junio de 1976 Videla, Julio Juan Bardi y Albano E. Harguindeguy promulgaron el decreto 21.329. Bajo ese nombre, se escondía la desaparición de los feriados de carnaval.
Esta institución milenaria de varias civilizaciones, con diferentes nombres y formas, fue una de las primeras víctimas de nuestra más reciente dictadura militar. En cualquiera de sus mascaras (Entre las góndolas de Venecia, junto a la Pacha Mama en La Quiaca o en el Sámbodromo de Río de Janeiro), el carnaval no es otra cosa que el festejo de la COMUNIDAD. Atado fuertemente en sus orígenes a la tradición cristiana, su nombre deriva de “carne”, justamente porque esos lunes y martes de carnaval son los anteriores al miércoles de ceniza, con el cual comienza en tiempo de ayuno y abstinencia católico conocido como “Cuaresma”. Y de ahí parte el primer movimiento de carnadura social. De esa clara contraposición entre el libre festejo callejero y la procesión religiosa en la que cada cual ocupa el lugar que el protocolo o el poder le han adjudicado.
Piensen en un espacio social en el que no existen divisiones, ni por sexo, ni por color, ni por religión, ni por dinero. Donde ricos y pobres no se distinguen entre sí y festejan el hecho de formar parte de la misma comunidad. Festejo que no tiene por espacio físico otro que no sea el público, el de uso común de todos y que es además punto de encuentro. Porque no se trata de “la fiesta de unos pocos”, sino del encuentro de todos, “apropiándose” de la “calle” (aunque muchos se alarmen en esta época de piquetes y cortes de ruta).
Esta fiesta también trae atada a sí misma viejas tradiciones populares, como la de “espantar los demonios”. Y es así que nacen los disfraces, convirtiendo en un primer momento a cada uno en aquello que es su mayor miedo, como forma de enfrentarlo, y después en mascaras más feroces que esas pesadillas como método de espantar a los monstruos reales. Así también nace la música del carnaval, que en un primer momento es sólo el sonido de palos golpeándolo todo a su paso (¿proto-cacerolazos?), porque se creía que el bullicio alejaba la mala suerte. Ese ruido infernal fue tomando ritmo y cadencia de la mano de oídos atentos y manos hábiles que fueron desarrollando los instrumentos y las melodías. Y la evolución lógica de esto, fue la aparición de las letras, que empezaron a espantar a los demonios de la realidad. Políticos corruptos, empresarios inescrupulosos y demás integrantes del panteón de la inmoralidad eran carne de cañón en la pluma de los letristas de todas las murgas (algo de lo que nuestros hermanos Charrúas saben bastante). Más de un intendente tuvo que sonreír desde su palco cuando un grupo de vecinos le cantaba sus verdades en algún corso callejero del conurbano.
Y aún así, yo personalmente no creo que todo esto fuera suficiente como para que los militares tuvieran el valor de eliminar los feriados del carnaval. Creo que la respuesta a esa decisión netamente política hay que buscarla en la figura principal de estos festejos: LA MURGA.
Una murga, no es otra cosa que un grupo de vecinos, unidos, que trabajan durante el año para preparar esos dos días de festejo. Trabajo que incluye una enorme cantidad de vecinos que necesariamente se relacionen entre sí. Porque si algunas amas de casa tienen que coser los trajes, otros tienen que ensayar la música, algunos se reunirán a escribir letras y varios más practicarán las coreografías. Y todas esas actividades, por cuestiones de practicidad, solían nucleares en algún espacio físico de la comunidad, lugar que muchas veces terminaba instituyéndose como sociedad de fomento, club o centro cultural. Y este espacio de encuentro a su vez, era espacio de reflexión sobre las necesidades de la comunidad, y de ahí nacían iniciativas tan simples como necesarias para el barrio, como podían ser la pavimentación de una calle o la limpieza de un basural.
Desde esta segunda perspectiva, la junta militar no se limitó a quitar del calendario dos feriados, sino que en realidad, anuló expresamente un sostén de la vida comunitaria de la mayoría de los barrios. El espacio donde los vecinos podían ver juntos su realidad y actuar en consecuencia. Y eso, sin contar con la tranquilidad que le daba el hecho de no tener que escuchar sus nombres en alguna rima burlona que encerrara una denuncia en serio.
En aquellos años en los que murgas de estridentes colores y gritos de injusticia a flor de piel eran amordazadas, estaba muy de moda una frase que rezaba: “el silencio es salud”. Es raro (quizás se yo el raro), pero siempre asocie el silencio con los cementerios…

La lección de la Mariposa


Puesto en situación de escribir un cuento infantil, salió esto:


LA LECCIÓN DE LA MARIPOSA
Nadie recuerda si fue la sequía, un turista torpe o alguien malintencionado. Pero nadie en el Bosque olvidará nunca el gran incendio. Todo empezó la noche que pareció día, porque las llamas iluminaron todo en kilómetros a la redonda.
            La huída era un desastre, todos los animales corrían sin ton ni son en un “sálvese quien pueda” que no hacía más que aumentar las proporciones del problema. Los animales más grandes en su desesperación por huir aplastaban a los más pequeños, y ninguno acertaba a encontrar un lugar seguro en todo el bosque.
            Mientras los animales huían, el Oso, que no quería aplastar a nadie iba dando pasos lentos pero seguros hacia fuera, mientras le ponía cara de fastidio a quien empujaba a alguien más pequeño. En eso estaba cuando algo le llamó la atención. Mientras todos iban hacia fuera, había una que volvía al bosque. Era la Mariposa.
-¿A dónde vas? –preguntó sorprendido.
Y como no recibió respuesta la siguió.
-¡que Mariposa maleducada! –pensaba para sus adentros el Oso, cuando vio que ella escupía el agua que llevaba en el buche sobre una flor que esta ardiendo.
-Disculpá que no te contesté antes, pero es que si no se me escapaba el agua – aclaró la Mariposa.
-¿y se puede saber a que estas jugando en el medio de un incendio? –Dijo el Oso, que era un señor serio y responsable y las cosas peligrosas no le gustaban nada.
-estoy apagando el incendio –contestó muy tranquila la joven Mariposa.
El Oso se la quedó mirando y si no fuera porque el era serio y la situación era seria se le hubiera muerto de risa ahí mismo.
-¿Y vos pensás que vas a poder sola? –le pregunto el Oso mientras la seguía de nuevo al río.
-lo que yo sé es que este es mi hogar desde que era oruga, igual que de todos mis amigos, y por eso tengo que dar todo lo que pueda para que sea un lugar feliz. Y que nosotros podemos salir corriendo o volando, pero todas estas plantas y árboles que nos dieron techo y comida no. Además si no apagamos las llamas el incendio nos va a alcanzar en cualquier otro lugar–y no siguió hablando porque se había vuelto a llenar la boca de agua.
Otra vez el Oso se la quedó mirando mientras se iba. Cuando la vió perderse entre las llamas. Seguro que rumbo a una flor que ya debía haberse quemado fue cuando entendió. Y salió corriendo tan rápido como daban sus patas hacia donde estaban los demás.
Mientras tanto la Mariposa había descargado su segunda e insuficiente carga de agua, pero al querer volver por la tercera se encontró encerrada por las paredes de fuego. Ya había perdido todas las esperanzas, y el espeso humo la estaba haciendo dormir cuando ocurrió el milagro: empezó a llover. Pero el milagro no tenía otros dueños que sus propios amigos.
Al levantar la cabeza para agradecer al cielo vió a todos lo pájaros del bosque descargando sus picos llenos de agua sobre el incendio. Una gota de cada uno hacía la lluvia. Mientras desde el cielo sus amigos alados mojaban el bosque, escuchó lo que parecía el ulular de mil sirenas de bomberos, y creyó que los Hombres habían llegado con ayuda. Nada des eso, en lo alto de un monte cercano se recortaba sobre la luna la silueta de todos los lobos aullando a la par, como si fueran una gran señal de auxilio a la que acudían todos los animales en kilómetros a la redonda.
Las lágrimas que el humo había dejado en sus ojos se transformaron en lágrimas de felicidad, mientras miraba a los pájaros en el cielo y escuchaba a los lobos en el monte sintió un temblor que le hizo creer que tras incendio terremoto. Eran los Osos, que a fuerza de empujones venían tumbando árboles muertos, abriéndoles camino a los más pequeños que venía atrás. Cada uno con su carga de agua.
Al rayar el alba ya nada ardía en el bosque, y gracias al esfuerzo de todos los daños no fueron tan grandes como podían haber sido. Todos ayudaron en la reconstrucción de los nidos quemados y demás cosas que el fuego había consumido.
Y nadie nunca más olvidó en el bosque “La lección de la Mariposa”.
 

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